lunes, 22 de febrero de 2010

Un día sin hambre

Dani estaba seguro de sí mismo. Sabía que todo iba a seguir como siempre, que por muchas peleas que tuviesen nunca acabarían mal. Pero Valentina por un minuto dejó de querer a Dani, con intensidad, con fuerza, con rapidez, con lujuria, con amor, por segundos, por minutos, por horas, por meses, por años. Tiró todo ese amor por la borda en un minuto, en una milésima de segundo odio a Dani, se cansó de todo por lo que lucho y por que lucho, se cansó de ser tonta, de esperarlo, de medir sus palabras, de no pedir explicaciones, de callarse, de no decir lo que piensa. Valentina se cansó de querer con todas sus fuerzas a Dani.
Él convencido de que Valentina tan enamorada como siempre no iba a poder resistirse a su mirada llegó con su simpatía de siempre, derrochadora, y Valentina cansada de sus estados de animo, de sus borderías a destiempo fue ella la que por una vez puso fin a una conversación sin sentido en la que él sonreía sin parar y ella intentaba no sucumbirse a sus encantos.
Valentina nunca pensó que podría hacerle daño a una persona a la que quería tanto, pero no sabe ni por quién ni por qué después de soltarle otra nueva bordería, Dani cambió su mirada, su expresión y la volvió triste; tanto que Valentina hizo lo imposible para averiguar que le pasaba, y el con una fría sonrisa fingida intentaba demostrar lo que sus palabras afirmaban, que no le pasaba nada. Pero ella lo conocía demasiado bien como para saber que había un fallo, un error en su débil sonrisa fingida. Dani veía que ella decaía por momentos, y eso en algún rincón de su alma lo hacía sentirse realmente culpable. Pero como no, a él no le importaba nada ni nadie solo tener su hambre saciada y poco a poco dejo de importarle el estado de Valentina, hasta el punto de ignorarla, de verla llorar y que no se le cogiera ni un mísero pellizco en el corazón, y esto hacía a Valentina consumirse de nuevo en sus cenizas.
Porque Valentina no espera un mundo de felicidad, de besos llenos de amor, y de buenos días cantados con un beso frente a un amanecer; lo único que pedía era no perderlo, que el la mirase todas las mañanas sentado en su pupitre, que le hablase que le contase su domingo en casa de su nueva novia aunque ella se retorciese por dentro, solo quería tenerlo, tenerlo como algo, verlo sonréir mientras la mira, mientras ve que ella es feliz con sus bromas.

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Pompas de jabón

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