lunes, 19 de abril de 2010

Querida soviética


Eres como una muñeca rusa.
Sí, de esas que las vas abriendo y sale una muñeca más pequeña pero quién sabe si mejor, o quizás peor.
Cada día durante estos tres años te he ido abriendo, mi amada muñequita, he ido explorando un poco más de ti. Y siempre me quedo con ganas de saber más.
Hasta hace poco solo conocía esas muñequitas tuyas, que me hacían reír y temblar a la vez, que me daban luz todas las mañanas y me la quitaban por la noche, que me daban sus mayores sonrisas y me hundían poco a poco en ellas, que me hacían adentrarme en su mar azul mientras un tsunami barría mi corazón.
Pero ahora he descubierto a la muñeca que besa, que muerde, que convence con caricias, que recuerda, que siente con dulzura y pasión, que mira despiadada y como no, con compasión, que juega tanto como con una pelota como con mi corazón, tanto como al parchís como al amor.
Y todo eso solo lo he conseguido con un poco de paciencia y unas manos algo mágicas. Así que no querrás imaginarte, mi querida muñeca, cuando mis manos se lancen a descubrirte con un poco de amor.
Pero no desesperes, todavía me queda mucha magia y muchas muñecas por descubrir.

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