lunes, 7 de febrero de 2011

Una calada de vida. Capítulo II

Alma quería cambiar. Ese sueño le hizo pensar. Llevaba mucho tiempo queriendo quitarse la vida, pero antes tenía que hacer una cosa.

Nirvana al máximo volumen, pasos decididos, armarios llenos de ropa totalmente diferente a la que ahora estaba metida en bolsas, posters nuevos con caras expectantes pegados en la pared, número y símbolos pasando indefinidamente por su cabeza, manchas de sangre por todo su cuerpo.
Un cambio radical, una decisión extrema, un intento de felicidad interior.

Tras el portazo de salida se escondía una nueva Alma. Caminaba hacia el instituto mientras todo el mundo la miraba. Llegó a clase, " Venga ahora atreveros a idolatrarme, falsos de mierda" Pensó mientras miraba a esas personas que se hacían llamar sus amigos.

-Todavía no es carnaval Alma- Soltó Marla entre carcajadas irónicas. Con el único fin de hacer daño.

-¿De qué vas vestida? ¿De payaso?- Preguntó Estela con las mismas intenciones de Marla.

-Que os den hijas de puta. Cerrar la boca si no queréis que lo haga yo- Dijo con ese odio hacia ellas que le caracterizaba.

Acto seguido, cogió sus cosas y se dirigió hacia la puerta. No merecía la pena escuchar críticas absurdas y aguantar miradas que escrutan sin razón.

Se puso sus cascos y se dirigió al único sitio donde pensaba que la entenderían. A las afueras de la ciudad se encontraba un pequeño parque al lado de los juzgados, donde se podía ver pasar a la gente que sin tener ningún sentido su vida, mataban las de otros o directamente cometían delitos para contraatacar ese vacío de sentidos.
Se sentó en medio del césped y empezó a leer el libro de autoayuda que le trajo el otro día su hermanastra. De pronto vio esa mirada asustada y colocada de la otra noche, con sus mismas características. Entonces sintió ese presentimiento antes vivido, esa conexión y decidió acercarse a esa desconocida que sentía que conocía.

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