jueves, 3 de marzo de 2011

Hiroshima explotó.

Volvimos a caer, nos volvimos a enredar en nuestros lazos y nos dejamos llevar sin pensar en el exterior, sin tener en cuenta lo que hacíamos. Lo hicimos, y allí se quedó el rastro de ese momento tan nuestro y tan del aire, tan íntimo y tan esperado, se quedó en esa hierba recién cortada, en esos árboles que nos miraban expectantes, en esa pared que se preguntaba si nos queremos y así lo demostramos. Y yo no sabía que contestarle.

Sólo sé que eres mi puta debilidad. Que después de tantos años sigo aquí echándote de menos, que después de tantos meses intentándome acostumbrar al aire que dejaste al quitar tu presencia, la sigo extrañando. Sigo mirando los pasillos recordando tus pasos, y tu sitio esperando a que salga tu voz.
Esos rincones que hicimos nuestros, en los que nos conocimos más todavía, y que nos llevamos parte del recuerdo con nosotros. Creía que yo me lo llevé todo, pero no me di cuenta, que día a día me ibas cogiendo un poquito más, hasta acordarte tu más que yo. Y no sabía por qué si yo te importaba tan poco. 

Pero después de haber cerrado el calendario, de haberle dado una vuelta entera, sigo ilusionándome con verte, o riéndome de tus bromas. Puede que haya madurado en lo que hacemos pero el por qué lo hacemos sigue estando tan presente en mí como en ese veintiséis de diciembre de dosmilnueve.

2 comentarios:

  1. Puedes creerte que ayer iba a escribir una entrada con ese título pero no pude conectarme en todo el día¿? No tiene nada que ver tu entrada con la que iba a escribir yo pero el título es común. Bueno, pensaré en otro jajaja.

    Ánimo con tu debilidad, estoy segura de que de un modo u otro tal vez puedas superarla! un beso

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  2. y pusiste en letras lo que tengo por dentro :/

    Muchas gracias.

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